Sorpresas te da la vida, dice una melodia popular, asociada curiosamente a otro Pedro. Cuando tenía 8 años, un nuevo integrante llegó a mi familia sin decir agua va. Cuando uno es niño, no está plenamente conciente de lo que sucede a su alrededor, vives como en tu propio mundo, y el mío ya no incluía bebes, así que de cierta manera fué dificil adaptarse. No teníamos un personaje de thundercats para él, ni lo podiamos subir al cubil felino.
Cuando tenía como 8 meses, erá un bólido en la andadera, parecía gustarle la independencia que ese artilugio le daba. Lo podías encontrar embarrado, comiendo mango directamente de las cajas que se habían traído del cultivo el día anterior. Siempre ha tenido un caracter tremendo, tenia formas muy convincentes de hacernos prepararle su chokomilk, y bien espumoso claro.
Lleva una cicatriz que le marca notoriamente un costado; a punta de golpes hizo entender a la bicicleta que no debía tirarlo, podría contar mil anécdotas de su temperamental carácter, podría decir mil cosas sobre la nobleza de su persona. Un día me di cuenta que era grande, las circunstancias me hicieron perderme varios años de su vida.... Hace casí dos años, lo acompañé en un viaje que siempre pensé marcaría su destino. En tres meses tendré a mi primer sobrino. Lo veo contento con la idea de iniciar su propia familia, admiro su enteresa ante tal circunstancia, siempre se ha dicho de él que es valiente y con justa razón, creo que no hay responsabilidad más grande que aventarte a traer al mundo, cuidar y forjar una nueva vida. Tambien creo estar mucho más asustada yo.
Aún así, nunca dejará de ser mi chaparro...